15/6/08

Un ejemplo de cómo tiramos el dinero público y de cómo nos afecta.


En el marco de las políticas sociales y la atención domiciliaria a la tercera edad, la mayoría de Ayuntamientos españoles han concedido este servicio a empresas de catering que se dedican a hacer la comida para nuestros mayores y llevársela a casa. Al principio, en el ejemplo que les contamos la empresa concesionaria hacía comida caliente a diario, de buena calidad, teniendo en cuenta las prescripciones médicas y el tipo de dieta que tenía que llevar el anciano suscriptor del catering. Ahora, para abaratar costes, el Ayuntamiento ha sacado a concurso público el servicio en busca de una empresa que lo haga más barato. Las consecuencias han sido las siguientes: la comida ya no es caliente a diario, sino que se entrega dos veces por semana a condición de que le dure al anciano en el frigorífico durante tres días. Ya no se respetan prescripciones médicas ni dietas especiales, la calidad de los productos es ínfima y los días que el anciano no distribuye bien la comida o no le gusta -no deja de comer obviamente- vuelven aquí a implicarse los familiares que tienen que estar de nuevo pendientes de algo que también les perjudica a ellos en su tiempo, en el trabajo y en el coste económico de la comida que hacen a diario. Lo que sí está claro es que, en la mayoría de las ocasiones, la comida del Ayuntamiento termina ahora en la basura. ¿Sabía Ud. que algo así podría estar pasando ahora mismo en su municipio? En la política social lo barato sale caro. Cuando decimos que las clases medias soportan cargas añadidas que cada vez les asfixian más nos referimos, entre otras muchas evidentes, a cosas como éstas que no se perciben, en las que el cariño y la dedicación por nuestros mayores palían los graves déficits del Estado en lo social.

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