29/4/10

El balance negativo de Cort en Blanquerna-Bons Aires.

Fruto amargo de la impericia urbanística y de la ignorancia cultural, el “Eje cívico” (de tan presuntuosa denominación como vacía de contenido concreto) realizado por parte de Cort en el tramo calle Blanquerna- Plaza París ha puesto de manifiesto, hoy en día, que es:

Antiecológico, Antihigiénico, Antiestético, Anticomercial y Anticívico.

Antiecológico:

Por la manera en que fue cimentado todo el subsuelo de Blanquerna y concebido el nuevo dispositivo para la evacuación de las aguas pluviales callejeras, son los 125 árboles que sombrean esa calle desde hace tiempo que se ven condenados a morir lenta pero seguramente de sed en los próximos años.
Además, lo poco de tierra libre de todo cemento que está concedido a la base de estos árboles perjudica su oxigenación e impide su contacto vital con las pluviales.

En cuanto a los nuevos árboles repuestos donde faltaban unos, su futuro será igual de moribundo: una vez alcanzado por sus raíces el fondo del escaso metro cúbico de tierra fresca que les ilusiona, la falta de agua también acabará con ellos. Se trata de una matanza ecológica sin precedentes en Palma.

Antihigiénico:

Además este sistema de recogida de las pluviales (que consiste en una tubería de plástico enterrada y rajada al nivel superior de su enrase con las baldosas de la calle) recoge el agua, claro, pero también hojas, papeles y otros desechos. Y como esta tubería no recibe puntualmente bastante agua para drenar, esas porquerías se estancan por dentro, se pudren y los malos olores empiezan ya a molestar a los paseantes y a la gente sentada en las terrazas.

Pues, gracias a Cort, se ha utilizado en Blanquerna la alcantarilla de plástico “a cielo abierto”: un uso sabio de un material moderno al servicio de un concepto técnico tercermundista...
Antiestético:

Cort ha hecho de Blanquerna un corredor embalsado de cemento gris, monótono, impreciso, sin alma, que no cuadra en absoluto ni con su función práctica ni con la estética general de esa calle.

Aún cuando todo el mundo se queja en Palma de la infinitud de cables eléctricos, telefónicos y otros que afean las fachadas y que cruzan las calles (algo digno del tercermundismo), Cort ha optado por decorar el cielo de Blanquerna con casi más de 1.500 metros de cables aparentes, sólo para abastecer y sostener en el aire unas 33 lámparas centrales con la ayuda de 66 postes tipo “autopista” (que ya se doblan).

En fin, es un sistema de alumbrado más propio para el uso de nave-almacén de polígno que de una ciudad moderna.

Para el descanso de los viandantes se ha elegido un tipo de bancos callejeros irracional, incómodo, totalmente antiantropomórfico, con asientos fabricados en un material desagradable al contacto: caluroso en verano y frío en invierno, estancado el agua de cada lluvia. En cuanto en su forma y su volumen salta a la vista que el dibujante tenía el lápiz gordo y la inspiración corta.

Pero más aún, en la parte derecha de la calle se han ubicado estos monstruos perpendicularmente a los edificios, reduciendo así en 90 centímetros la anchura peatonal de las antiguas aceras antes de las obras, acaso: ¿no se trataba de devolver la calle a los peatones? Claro…

Ahora, el colmo de la actuación antiestética de los protagonistas de ese famoso “Eje cívico” es el destrozo de la Plaza París. Esta actuación, que pone en evidencia la falta de cultura urbanística por parte de sus actores, ha acabado con un conjunto jardinero arbolado concebido en las décadas 60-70 del siglo pasado y que tenía, como tal, que ser respetado. Al contrario, Cort ha desintegrado el dibujo original de esta plaza, ha arrancado una gran parte de sus árboles y de sus plantaciones para ubicar una fuente de estilo “marciano-infantil” repelente y ha colocado en los céspedes unos animalitos “esculpidos” que parecen víctimas de la comida basura.

Como casi siempre, Cort se ha decantado por una producción “artística” de muy bajo nivel pero de muy alto coste. Así surgen todos estos horrores “artísticos” que no paran desde hace dos décadas de afear progresivamente Palma.(Porque, por desgracia, no es solo un problema de izquierdas: la Plaza de España conjunto modernista, fue en su tiempo destrozada por los Conservadores del P.P., y ofrece hoy en día el aspecto repelente que todos conocemos. No es entonces una cuestión de política, sino de políticos: véanse nuestras conclusiones).

Anticomercial

O, mejor dicho, en contra del Pequeño Comercio. En efecto, desde los comienzos, la voluntad de Cort era peatonizar Blanquerna por completo. Esto tenía como consecuencia, directa y bien conocida, la de acabar con él. Todo el mundo lo sabe (y los Grandes Almacenes los primeros): sin coches no hay Clientela de las afueras: los negocios, aprisionados dentro de los islotes de hormigón peatonales, se asfixian y desaparecen sin más.
Por suerte, debido a la resistencia finalmente eficaz de los comerciantes amenazados de ruina, el proyecto inicial de Cort fue modificado, permitiendo, al final, salvar parcialmente el acceso automovilista de la calle.
Pero, aún con estas modificaciones de sentido común, Cort había ya conseguido dañar al Pequeño Comercio: basta con ver, hoy día, la animación de la calle 31 de Diciembre (comercial pero también peatonal) cara a la semidesertificación de Blanquerna, para entenderlo.

P.D. Y también no hablamos de los 9 meses y pico de “obras municipales” tercermundistamente realizadas y todavía no acabadas, sin programación ninguna, ni respeto a los negocios, a las oficinas ni, siquiera, a los vecinos. De hecho, cuando se construye una autopista, los animales en el campo están mejor tratados que lo fueron los humanos en Blanquerna. Fue un milagro que no hubiera heridos.

(De paso, se tiene que recordar la calificación de “modélicas” de esas obras grotescas por parte del Concejal socialista de infraestructuras de Palma en el Diario de Mallorca, del 10 de septiembre de 2009, para darse cuenta de qué nivel de incompetencia hacía gala este señor en el tema que suponía dirigir y que, se vea desde el principio, se le había escapado de las manos y del entendimiento).

Actualmente podemos recordar y cuestionar dos hechos que fueron añadidos por parte de Cort en contra del Pequeño Comercio tradicional de Blanquerna y que son:

-¿Por qué la calle Blanquerna, que había podido ser ya abierta el 15 de Diciembre de 2009 al tránsito automovilista, no lo fue hasta 10 días después de Reyes: sino para perturbar al máximo las ventas factibles en las afueras del barrio y estrechar las legítimas ganancias de los negociantes durante las fiestas de fin de año?
-¿Por qué durante este tiempo se ha puesto cara a los negocios fijos un mercadillo ambulante de productos similares a los que se venden en las tiendas de Blanquerna: sino para hacer a los negocios fijos una competencia intencionalmente dañosa, bajo pretexto de una animación callejera? Mientras tanto el número de aparcamientos para coches privados no se acerca a lo previsto. Tampoco tenemos ni un “carga y descarga” al uso de los proveedores.

Anticívico.

1. La cizaña civil.
El civismo es, entre otras cosas, una manera correcta de actuar para con los demás ciudadanos. Dentro de esta actuación, la convivencia ciudadana tiene que ser el objetivo primordial para un Ayuntamiento responsable. Más aún cuando sus Ediles no paran de hacer oficialmente referencia a ella.

Pero hemos visto que cuando Cort fue obligado a modificar sus planes desertificadores de Blanquerna, ha intentado indirectamente (por peticiones anónimas) y directamente (por asambleas públicas manipuladas y repercutidas por una prensa afín) de sembrar la cizaña civil entre los negociantes de la calle y sus vecinos de siempre. Es decir que, en este asunto. Cort ha actuado deliberadamente en contra de la convivencia ciudadana: o sea incívicamente.

2. Las presiones antidemocráticas.
- En efecto, se han montado artificialmente manifestaciones “bici” para fomentar en la Opinión Pública que existe en Palma un sinnúmero de usuarios de pedales. Y que este sinnúmero implica, con toda imparcialidad, la exclusión total del uso del coche en la ciudad.
Eso es falso. Claro está que es más fácil, en una ciudad de más de 400.000 habitantes, reunir 1.500 bicis un domingo por la mañana que contar 10 al día en la misma calle durante una semana.

- Se han trasladado, el día famoso de la inauguración de la calle, tres autobuses de personas ajenas a Blanquerna para rellenar esa calle, hacer fotos y fomentar la impresión de que todos los vecinos la habían invadido, exultantes de alegría.
Eso es falso. Si había contento entre los vecinos era por ver que, al fin, las obras “modélicas” del Ayuntamiento se habían acabado. Y nada más.

- En perjuicio de la seguridad elemental de cada uno, se ha reducido al límite la señalización vial al uso de los conductores automovilistas en Blanquerna, en su barrio y en toda la ciudad de Palma. Y eso, con la intención deliberada de provocar en los conductores una inquietud, un malestar en la conducción a fin de darles conciencia de que entran en un dominio “bici-peatonal” donde no tienen casi nada que pintar.
Eso es altamente peligroso, de esta suerte, se ha quitado el paso cebrado de peatones tradicional pintado de blanco, en los suelos junto a los semáforos. No importa, parece, que estas superficies pintadas sean, más que un semáforo que puede fallar, un aviso constante, útil tanto para con los conductores como para con los peatones, día y noche. No, eso no importa.

Parece que no importa tampoco que la gente mayor, los niños, las personas con deficiencias visuales, sean un día atropellados o accidentados por terceros, sólo por falta de entendimiento de una señalización vial restrictiva, irresponsable y ambigua.

Y parece también que no importa que un ser humano normal, porque en un momento de despiste le ha faltado un aviso de conducción vial esencial, se convierta sin más y con la complicidad de los Poderes Civiles en un homicida involuntario potencial. Eso no es de recibo.

En efecto, se ha dejado desde hace más de dos años circular las bicis sobre las aceras de Palma (aún cuando tienen a su lado carriles propios), poniendo en peligro niños y mayores, y molestando a todos los paseantes. Es que esos últimos se han visto cogidos como rehenes por parte de Cort en el asunto. Esta política permisiva para con los ciclistas tenía en efecto como propósito presionar –una vez más- a la Opinión Pública en cuanto a la urgencia de edificar carriles “bici” excluyentes del coche, en todo lugar y, como se ve, de cualquier manera.

Por otra parte, se ha dejado circular a los ciclistas en las calles sin obligarles a tener seguro, a respetar los semáforos, los sentidos direccionales, ni siquiera a tener luz de señalización por las noches. Toda esta política de presión antidemocrática (porque en democracia, a cada derecho corresponde un deber) ha provocado una circulación callejera salvaje e irresponsable por parte de los ciclistas en Palma, que contradice las disposiciones imperativas del código de la circulación en vigor que prohíben la conducta temeraria y peligrosa.

Es decir que, debido a que el respeto de la seguridad vial ciudadana es del dominio exclusivo de los Ayuntamientos y remonta, en último término, a la responsabilidad de sus Alcaldía, está claro que en caso de accidente, una corresponsabilidad de estas últimas no habría duda y tendría que ser perseguida como tal.

Si, como lo prevé Cort, nos acercamos pronto (con el próximo sistema de alquiler de bicicletas en la ciudad) a unos 2000 usuarios diarios en Palma, es evidente que dbido a la anarquía “bici” actual, tendremos que deplorar rápidamente accidentes graves. Así es el “civismo ciudadano” propugnado por los socialistas en Cort. Y eso es inaceptable.

Conclusión,
El balance de “Eje Cívico” impuesto a Blanquerna por parte de Cort es del todo negativo. Y de la misma manera lo será el que se va a realizar en la calle Fábrica y en el Mercado de Pere Garau. Porque sus conceptos y sus objetivos son los mismos: perturbar el pequeño negocio.

Nuestro texto de hoy no es una simple hoja electoral, pero sí una síntesis de reflexiones sobre un tema físicamente vivido por todo un barrio, el de Blanquerna, con todas las implicaciones que genera en cuanto a la gestión de nuestra bella ciudad en el futuro. Una vez más repetimos que “el caso Blanquerna” pone en evidencia que la atribución de los Poderes Municipales, prevista al final del siglo 19 para una clase de políticos en su mayoría cultos y responsables en la época, se revela contraproducente y dañina bajo el mando de los políticos de hoy, en su mayoría desprovistos de cultura y de responsabilidad.

No se trata de recortar la Democracia pero sí de cuidar que se ejerce correctamente: lo que hoy por hoy no es el caso. No es de recibo democrático que unos individuos, propulsados por los juegos internos de unos partidos, sean de la noche a la mañana habilitados a grabar, para décadas en la piedra y en el cemento de todo un barrio, el recuerdo de su fugaz pero demoledora incapacidad.

La Democracia de hoy necesita ser respaldada en numerosos temas (y particularmente el del urbanismo) por un sistema claro y oficial de contrapesos ciudadanos, técnicos independientes, legalmente instituidos, verdaderamente barandillas contra los desprendimientos por parte de quienes fluctúan sin darse cuenta en un traje que, demasiado grande, no está hecho a su medida.

El Proyecto Liberal, consciente de la inecuación entre la tradicional atribución de los Poderes Municipales y la patente incapacidad actual de muchos elegidos a ejercerla correctamente, se compromete a promover ese indispensable ajuste legal, sin el cual peligra la democracia responsable.

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