16/9/12

La Democracia es un valor superior y la Ley es la Ley.

Hay ocasiones en las que una simple discusión termina por convertirse en una acalorada pelea de impredecibles consecuencias. Esto mismo puede suceder cuando miles de neonatos al independentismo en Cataluña utilizan las señas de identidad para criticar, con razón o sin ella, al Estado al que pertenecen.

Lo que empieza siendo una manera como otra de protesta - recordemos que Gordillo, de Izquierda Unida, también apela a lo andaluz para lo mismo y promueve la acción delictiva- puede terminar convirtiéndose en una espiral de desencuentros.

Como siempre hemos defendido los liberales, los extremos radicales no son buenos -se produzcan donde se produzcan y ya sean de izquierdas o de derechas- porque abandonan el sentido democrático que sirvió a la Constitución del Estado, los valores superiores que nos hemos dado todos los españoles para una convivencia en la Paz social.

Ahora puede verse con claridad que cuando los liberales defendemos el foralismo lo hacemos por una clara convicción de respeto hacia lo autóctono, hacia lo privativo de cada región donde defender la propia identidad es la mejor manera de conseguir la unidad del Estado como garante, a su vez, de la existencia de estas culturas.

También está ahora más claro que nunca que, en el caso de Baleares, no existe liderazgo político capaz de separarse del destino de Cataluña, por éso cuando allí se cargan las tintas en contra del Estado aquí tenemos que reflexionar si esta ambigüedad en la que estamos instalados favorece que no seamos dueños de nuestro propio destino.

Mantenerse neutrales cuando se sabe de qué parte está la razón justa es indecoroso, por este motivo el foralismo liberal es históricamente consciente de que sirve a una solución democrática que respeta las Leyes desde la firme convicción de que somos mallorquines y españoles.

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