5/12/12

¡Viva España! ¡Viva la Constitución!

Treinta y cuatro años después de ser promulgada nuestra Constitución española la conmemoramos con orgullo. Un texto fundamental que, con sus virtudes y defectos, regula la convivencia y recoge los derechos y deberes de los ciudadanos.

Recordemos que fueron los Liberales quienes, a principios del siglo XIX lucharon, muy a menudo al precio del exilio y de sus vidas, para imponer en Europa este sistema Constitucional que le otorga la mayoría de edad política, a través del sistema de representatividad democrático, a los pueblos de Occidente.

Si hay algo que destacar de la Carta Magna es que ha servido durante más de treinta años para traer, salvada la violencia terrorista, la Paz Social y la estabilidad de los sucesivos gobiernos democráticos.

El carácter de permanencia que ha adquirido durante este largo período la Constitución española no debe confundirse con el inmovilismo, pues para seguir manteniendo su eficacia, el Texto Constitucional debe contemplar, como es normal y lógico, las realidades actuales de la Sociedad moderna y su evolución.

En la práctica hemos permitido que sea políticamente incorrecto hablar de la unidad de España, que la bandera española no sea ya el símbolo de esa unidad y que el idioma común a todos los españoles, el castellano, no se hable en todas las escuelas.

Ha llegado el momento de que esa mayoría silenciosa se haga sentir, de que haga valer y respetar sus derechos y libertades. Pero hay algo que nos preocupa mucho más que todo éso, se trata de la indefensión que están padeciendo muchos españoles ante un cuadro de crisis económica generalizado, mundial y que, especialmente se encuentra agravado en España por el efecto del paro y la incertidumbre económica. Nada puede hacer la Constitución para solucionar esta situación, porque su expresión es la de desear cómo tienen que ser las cosas, el deber ser, mientras que la responsabilidad de cómo son en realidad, por tanto, es de quienes han Gobernado y de los que nos Gobiernan. En consecuencia, deja de tener relevancia alguna qué nacionalidad es la de cada uno cuando lo que está en juego es la propia supervivencia de cada cual.

De esta manera, el desideratum Constitucional de que los jóvenes puedan acceder a una vivienda, al empleo, de que las mujeres equiparen sus derechos a los hombres y de que los discapacitados obtengan sus ayudas sociales cae en desuso, pues la realidad es contradictoria con el Texto Constitucional porque los recursos económicos son escasos y limitados: así, la improvisación política nos ha llevado a la falta de empleo de calidad y estable que impide la adquisición de una vivienda para los jóvenes; el motor de la Construcción se ha frenado como consecuencia de olvidar el fin social de toda empresa; se ha impedido la diversificación del tejido empresarial creando el monopolio y la dependencia de un crecimiento insostenible que confunde interesadamente el lícito beneficio con la especulación; una mujer sigue cobrando un sueldo inferior al de un hombre realizando las mismas tareas y la inexistencia de guarderías de bajo coste obliga a las mujeres de clase media a quedarse en el hogar para evitar el desmesurado gasto de cuidar a los hijos.

En el sistema moderno, para vivir con calidad hace falta solvencia económica y nada de todo esto lo tenemos garantizado Constitucionalmente. Sin embargo, sí hay algo que permanece inmanente, y son los derechos personales e individuales, la libertad que todo español mayor de edad puede ejercer dentro de nuestro territorio y es aquí, en cómo ejercer la libertad -con respeto hacia los demás empezando por uno mismo- donde se puede realizar una reforma constitucional activa y responsable, de tal manera que la Constitución sea un texto eficaz, es decir, moderno, consecuente con el cumplimiento de su función, con su propio valor.

La Constitución fue un invento liberal para cumplir un fin normativo, todo en el sistema democrático encaja buscando o pretendiendo una finalidad. Pero cuando lo que ha funcionado durante más de treinta años y ha garantizado la convivencia y la Paz Social de los españoles, se utiliza para otra cosa, deja de utilizarse correctamente, emergen las consecuencias de este desuso -como estamos viendo hoy en España- que son nefastas, no sólo para el nivel político o el jurídico, sino también para el económico y el social, siendo este último siempre el más perjudicado, pues es el más desamparado al depender, al final, cada hombre de sí mismo y cada vez menos de la familia.

La persona estaría completamente desprotegida sino fuera por la cobertura de Derechos y Obligaciones Constitucionales que la envuelven en sucesivas capas entorno al núcleo de los Derechos Fundamentales. El Liberalismo, por tanto, tal y como Uds. pueden comprobar, sigue cumpliendo con su función protectora del individuo también hoy en España, de ahí el sentido de nuestra existencia como partido político liberal y estructural que cree en el ideal liberal que considera a cada hombre como un mundo en sí mismo, único e irremplazable. El Liberalismo, desde hace más de tres Siglos, protege al hombre más humilde contra los totalitarismos de izquierdas o de derechas.

¿Cómo podemos mejorar los liberales el sistema materialista en el que nos hemos instalado, cómo podemos ir más allá de lo económico? retornando a lo natural, a la cultura que nos eleva, a consolidar el presente ya Constituido creando oportunidades para un futuro inteligente, preservando en la Constitución el espíritu esencial del humanismo liberal que nos considera a todos como personas. Podemos ayudar a las personas porque los liberales formamos parte de los pilares democráticos, de la pluralidad y tradición política que han dado lugar a lo que hoy conocemos como España.


¡Viva España! ¡Viva la Constitución!

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